Las Palmas es el nombre de una antigua y actualmente desaparecida estación ferroviaria que existió en el área del cajón inferior del estero de Quilpué.
Esta fue la primera estación que se construyó en la cuenca del estero de Quilpué, a mediados del siglo XIX, como parte del extenso y ambicioso programa de comunicaciones ferroviarias emprendido por el gobierno para comunicar con mayor facilidad, expedición y seguridad la capital de la república con su principal puerto.

En la fotografía anterior, vista del cajón inferior del estero de Quilpué, por donde se planeó el trazado de la vía férrea definitivo entre Valparaíso y Santiago a mediados del siglo XIX.
Existen algunos indicios que dicen que primeramente la estación de Las Palmas existió en lo que ahora son las ruinas de terrazas que se ven en la parte meridional de la desembocadura de la Quebrada de El Pangue en el estero de Quilpué, aproximadamente a un kilómetro al sureste del emplazamiento actualmente conocido de la estación.
En efecto, parece ser que el primer trazado ferroviario vino desde el sector del Morro de Lillo a través del faldeo que encajona al estero de Quilpué por el lado oriental, de lo cual sería prueba el actual sendero existente, plano, llano y que comunica el sector del mencionado Morro de Lillo con el sector de la quebrada de El Pangue, que, según los indicios todavía visibles, parece haber sido un sitio bastante poblado y donde probablemente existieran las casas del antiguo Fundo La Unión. Las terrazas, sostenidas por macizos muros de piedra pegadas con cemento, el alto costo que implica el rebaje que se hizo en el cerro, sobre la Loma de El Brujo, al lado sur de la quebrada de El Pangue, difícilmente podría explicarse como faenas destinadas a abrir huertos o campos de cultivo, ya que la inversión efectuada en el lugar no se justificaría si se toma en cuenta los escasos réditos que podrían obtenerse del trabajo agrícola en ese sector. Hasta hace algunos años, todavía se veían los restos de los rebajes efectuados en lomas vecinas, donde se observaban los restos de antiguas construcciones y en algunas quebradas tributarias, en el pie de monte, restos de jardines antiguos.

En la fotografía anterior, el círculo rojo señala el sector donde originalmente estuvo emplazada la antigua estación de Las Palmas. El trazo rojo señala el primitivo trazado de la vía férrea en este sector, el que presentó múltiples problemas para la ejecución de las obras, en un tiempo cuando no se contaba con maquinaria y todo el trabajo debía hacerse a fuerza de brazos, con chuzos, picotas, palas y pólvora. El trazo azul señala la variante que se introdujo para evitar los peligros que presentaba la ladera de los cerros que ciñen apretadamente la ribera oriental del estero en el tramo entre la Puntilla del Chivato y la Puntilla de Las Chicharras. De esta manera, el ferrocarril pudo funcionar con mayor seguridad, y sin interrupciones durante los temporales que solían dañar la vía con derrumbes entre estos puntos, particularmente al sur de la estación. Esto significó, además, cambiar la estación a una nueva ubicación, que fue la definitiva. Y, para evitar la amplia curva, se hizo un corte en la falda de cerro, el llamado Corte de Paso Hondo. Y a continuación se construyó un puente, el Puente Número 5.
Sector de Los Perales, sobre el faldeo norponiente de la Loma de El Brujo. Puede observarse fácilmente las tres terrazas que se construyeron en este punto. Al lado norte de la quebrada de El Pangue se conservaban, hasta hace pocos años, cimientos de casas y restos de jardines.
Vista hacia el sur desde la ribera norte de la desembocadura de la Quebrada de El Pangue. En primer plano el estero. A la izquierda se puede apreciar la ladera occidental de los cerros que ciñen el cajón inferior del estero de Quilpué, y el desmonte por donde corrió la primera vía férrea. Al fondo, imponente, el Morro de Lillo, que domina el paisaje del sector y el punto de unión de los esteros Marga-Marga y de Quilpué.
Vista general, desde el norte, de las terrazas y los muros de piedra donde antaño se instaló la Estación Las Palmas. Esta estación estaba en territorios del antiguo Departamento de Casablanca y, aparentemente, era un importante punto estratégico, donde debió realizarse un importante tráfico ferroviario, a juzgar por la extensión de los muros y las terrazas que aquí se construyeron, sobre la margen meridional de la Quebrada de El Pangue e inmediatas a la desembocadura de ésta en el estero de Quilpué, y sobre el ángulo norponiente de la Loma de El Brujo. Hasta hace muy poco eran visibles los restos de antiguas viviendas en las quebradas y lomajes circundantes, incluso con restos de jardines desde donde los vecinos de Valencia Alto obtuvieron papas de nardos y rosales. En el lugar, luego de abandonarse la estación ferroviaria, décadas después, se habilitaron las terrazas para sembradíos y todavía permanecen en pie, añosos y al borde de la desaparición, algunos perales, de donde el nombre con que también se conoce al lugar: Los Perales. Hasta mediados de la década de 1970 había allí dos naranjos y seis perales. Una plantación de frutales que se hizo por esos años no prosperó.
Vista general de unos de los muros de piedra que todavía permanecen en su sitio, y que contiene la segunda terraza. La falta de mantención y de cuidado por parte de quienes visitan el lugar, así como los embates de la naturaleza, han producido derrumbes parciales de los viejos muros construidos con la dura piedra granítica extraída por los constructores desde las márgenes del estero y de la misma Quebrada de El Pangue.
Vista del extremo meridional del muro que ciñe la terraza número tres. Este tramo del muro es el más dañado de esta terraza. Antaño existía una estructura semejante a un cuarto en este sector del muro, (y donde, en efecto, hasta la década de 1960 vivió una persona que trabajaba en labores de campo en ese sector) empotrado en la terraza que contiene.

Otra vista de las mismas ruinas.

Estado actual del extremo meridional del muro que ciñe la tercera terraza. En parte, las piedras se encuentran rodadas desde su ubicación original en la construcción.

La Quebrada de El Pangue es importante debido a que es la única fuente de agua apta para el consumo humano, aparte de la que ofrece el estero, en todo el tramo del cajón inferior del mismo. Aunque de curso corto, presenta un caudal perenne, hasta el día de hoy —aunque actualmente esté definitivamente contaminado por los desechos de toda clase que arrojan a la quebrada los habitantes de Pompeya Norte y Pompeya Sur—. Sus aguas pudieron ser represadas para destinarlas en parte para las calderas de los trenes y para el necesario consumo humano. Hasta hoy subsisten vestigios de una represa construida unos cien metros más arriba, y que se utilizó para regar los cultivos que hasta mediados de la década de 1970 hubo en las terrazas y en otros terrenos vecinos.
Con el tiempo, como parece claro, se fueron abandonando los primeros trazados ferroviarios y se fueron poniendo en servicio otros nuevos, variantes que tenían como finalidad propender a una mejor y más segura explotación del ferrocarril. Los inviernos lluviosos seguramente provocaron más de una molestia y contribuyeron a prolongadas interrupciones del servicio ferroviario entre el puerto y la capital.
Existen todavía huellas de que el ferrocarril enseguida fue sacado de los peligrosos barrancos del lado levantino, y que desde La Era se levantó un puente que salvó el estero y llevó las vías a través de una pequeña curva hasta el sector de la actual Puntilla de Las Chicharras, donde un nuevo puente permitió salvar el trayecto y continuarlo hacia Paso Hondo y hacia el interior. Esto significó que la antigua estación de Las Palmas debió ser abandonada y trasladada de emplazamiento. El lugar más adecuado no era enfrente, al otro lado del estero, puesto que para los habitantes de la quebrada de El Pangue y las vecindades significaría en invierno peligros y molestias en el cruce del estero.
El sitio más adecuado, obviamente, resultó ser justo donde el cajón empieza a ensancharse para dar paso a un estrecho pero plano y estrechísimo valle que se alarga apenas hasta el sector donde antiguamente el Camino Real que iba desde el Fundo El Rebaño atravesaba el estero para dirigirse al interior del valle.
Obviamente que la gente que estaba acostumbrada a la antigua estación ferroviaria tuvo que caminar un poco más, acercarse más al pueblo de Paso Hondo y, con el tiempo, el sector de Las Palmas perdió importancia, a medida que Paso Hondo iba capitalizándola, poco a poco.

Reproducción parcial del plano de loteo de la Población Argentina, de 1910, que muestra el punto al que se trasladó finalmente la estación Las Palmas, un estrecho terreno situado entre la vía férrea y el pie del faldeo que desciende hacia el estero desde Valencia Alto. Hasta mediados de la década de 1970 se conservaban varias casas de la estación, pero al otro lado de las vías, entre éstas y el estero, sobre una terraza artificial, originalmente destinadas al personal de la estación y a dependencias anexas de la misma, pero que después se destinaron a habitación de las familias de los obreros del ferrocarril. En este lugar, llamado “Los Carrunchos”, por los carritos que tenían aquí su centro de operaciones, estuvo finalmente destinado un grupo de obreros destinados a la mantención de las vías entre El Salto y Quilpué. Para fines de la década de 1970 ya solo quedaban algunas ruinas, el sistema de mantención de las vías había sido suprimido por la nueva administración de la empresa ferroviaria y, finalmente, destruidas las casas a consecuencias del terremoto de 1971, las familias emigraron.

Reproducción parcial del mapa de la Provincia de Valparaíso, en el Álbum de la Zona Central, 1923, que muestra la ubicación de la Estación de Las Palmas. En ese tiempo, todavía aparece el cajón inferior del estero de Quilpué formando parte de Viña del Mar, en tanto que el valle del estero Marga-Marga formaba parte de la comuna de Marga-Marga, del departamento de Casablanca, y Quilpué era una comuna del departamento de Limache que incluía El Sauce (ahora El Belloto).
Con el tiempo, y a medida que se fue desarrollando Quilpué y adquirió la calidad de Comuna y luego el título de ciudad, operó una suerte de centralismo, lo que condujo a un deterioro para los antiguos caseríos del cajón inferior del estero de Quilpué.
Las Palmas desapareció definitivamente para reducirse a un mero lugarejo donde hasta el día de hoy se ven los restos de la antigua Estación de Las Palmas. Paso Hondo se convirtió en parte de la ciudad de Quilpué, merced al loteo de extensas propiedades rurales existentes entre este punto y el antiguo pueblo de Quilpué. La nueva estación de Las Palmas desapareció finalmente también, ante la escasez de pasajeros y de carga. Sus últimos años fue asiento de una cuadrilla de obreros ferroviarios dedicados a la mantención de las vías entre El Salto y Quilpué. Tras el terremoto del 28 de marzo de 1965 las construcciones de la vieja estación sufrieron graves daños y los últimos moradores de las mismas debieron abandonarlas definitivamente tras el terremoto de 1971.

Vista aérea del sector donde se ubicaba la estación Las Palmas.
El término de las obras de mantención de las vías férreas dispuesto por la administración que se hizo cargo de la Empresa de los Ferrocarriles del estado a partir del 11 de septiembre de 1973 significó el golpe de gracia para esta vieja Estación y su desaparición total, al punto de que pocas personas recuerdan su existencia.
En la actualidad, casi no existen rastros de su anterior existencia.
A mediados de la década de los 60 del siglo XX, un movimiento vecinal logró que la Empresa de los Ferrocarriles del Estado dispusiera la implementación de un paradero de trenes unos kilómetros más arriba, la Estación Valencia, la que sirvió durante varias décadas a los habitantes de la parte occidental de la ciudad de Quilpué pero que, con la llamada "modernización" del ferrocarril fue clausurada.
