“Envió entónces el señor Gallo al conocido constructor de la línea actual de Valparaiso a Santiago, don Guillermo Lloyd, injeniero distinguido i acreditado en diversas obras de su arte en su país, i un perfecto caballero en su trato social i privado.
“La especialidad de Mr. Lloyd era, sin embargo, la construccion de puentes i en jeneral las obras de fierro, tan comunes en Inglaterra, en cuyo país, Stephenson primero i en seguida Brunel, hicieron prodijios con el martillo i con la fragua.
“Mr . Lloyd era discípulo i ejecutor de planos del último e ilustre injeniero frances aclimatado en Inglaterra.
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¿Por qué fué abandonada la línea de Concon?“Llegó Mr. Lloyd a Valparaiso el 15 de marzo de 1854, e inmediatamente, en pleno invierno, recorrió la línea de Concon desde el Baron a San Pedro. A esta última hacienda llegaban ya los trabajos, como acreditan hasta el presente los cortes de las puntillas que bajan al valle de Quillota, i que con sus mudas bocas, cubiertas de escombros i de malezas, están denunciando al tiempo nuestra petulancia de grandes i nuestra condescendencia de humildes.
“En esa direccion, el injeniero Campbell habia buscado la solucion sencilla de los mas arduos problemas de su ciencia, i habia logrado radicar la línea férrea buscando el nivel bajo i uniforme de las playas i en seguida el de un valle abierto i longitudinal, logrando así evitar los tres mas grandes escollos de los ferrocarriles, es decir, los puentes, los túneles i las fuertes gradientes, destructoras del material i de la via permanente.
“Desde Valparaiso a Quillota no habia mas túnel que el inevitable i ya abierto de la Punta Gruesa, i no habia otra gradiente que la corta ya mencionada de Concon. En cuanto a los puentes sobre el Aconcagua que Mr.Campbell habia trazado al principio en número de cuatro para pasar y repasar dos veces el rio, una vez frente a las casas de Colmo i otra frente al Romeral, abandonólos en seguida, porque es el mérito i la señal distintiva del verdadero talento correjirse a sí mismo. La línea corría en toda su estension por la márjen meridional del rio, esto es, por Concon, Tabolango i San Pedro.
“Pero Mr. Lloyd pensó desde el primer momento de distinta manera.
“—La línea de Mr. Campbell—se dijo—¿no tiene puentes? Pues yo haré tantos, con maderos suspendidos sobre los abismos, cuantos mi ambiciosa fantasía haya soñado.
“—La línea de Concon no tiene fuertes gradientes? Yo encontraré la famosa de Peña Blanca, donde los trenes suelen quedar tirados sobre la línea, como los caballos enflaquecidos de las postas, por la impotencia de las mas poderosas máquinas.
“—En la línea de Concon no hai túneles? Pues yo me colocaré a su espalda i encontraré el mas poderoso i el mas arduo de todos.
“Para ésto Mr. Lloyd, desahuciando desde la primera hora el trazado de su antecesor, se puso en busca de un nuevo paso, i a los dos meses de su llegada, ya lo habia encontrado a su satisfacción. Fué éste el famoso desfiladero de las cucharas que acabamos de recorrer, i en el cual el atrevido injeniero ingles metió su fuerte cuchara de Albion, tratando a Chile como si hubiera sido un perol de frejoles de faena.
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Las arenas de Concon.“¿I cuál fué el grande argumento de aquel cambio? El lector va a maravillarse:—las arenas de Concon.
“Si hoi resucitase el mismo Stephenson, inventor verdadero de la locomotora i padre de los ferrocarriles ingleses, i viniese en persona a hacernos ese argumento, le sacaríamos tamaña lengua i seguiríamos la obra comenzada. Pero hace un cuarto de siglo, los chilenos tenian todavía en los labios la leche de la inocencia en materia de obras públicas. Hacia solo seis años que un constructor ingles, que hoi es bi millonario, habia edificado los almacenes fiscales de Valparaiso, recibiendo por compensacion el diez por ciento de lo que el mismo constructor gastase.
“Sabemos, en efecto, demasiado lo que son las arenas en la construccion de los ferrocarriles, i lo sabemos por las obras jigantescas de esta especie que se ha ejecutado mas tarde en los movedizos arenales del Ejipto, a lo largo de la costa de Escocia, entre Edimburgo i Aberdeen, en las famosas landas de Burdeos, en las landas mismas de Chile, formadas por las erupciones de Antuco, entre Búlnes i San Rosendo. Pero aun lo sabíamos entónces, porque Mr. Campbell acababa de construir una obra de primer órden en los arenales de Caldera.Por este desfiladero, sobre la ribera derecha del estero de Quilpué, originalmente fueron tendidas las vías del ferrocarril, con el cerro por encima de las cabezas de los viajeros y el estero bajo sus pies. Muchos accidentes ocurrieron en este tramo, debido a las curvas, pero jamás ningún convoy descarriló ni se precipitó al fondo del barranco, aunque sí hubo muertos entre el personal de la Empresa ferroviaria debido a que los bruscos sacudones de la máquina, por ejemplo, lanzaron fuera de la misma a algún palanquero, por ejemplo, como bien se recuerda. En la actualidad, la base para los rieles de ayer hoy sirve como camino que comunica la quebrada de El Pangue con las juntas del estero de Quilpué y el Marga-Marga.
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327,383 pesos echados al mar.“¿Qué pudo autorizar, en consecuencia, un cambio tan innecesario, tan absurdo i, sobre todo, tan importuno? Porque es preciso que el viajero no olvide que ya llevábamos cerca de dos años de trabajo, i que se habia gastado en las obras que iba a abandonarse, la suma injente entónces de 327,383 pesos i 20 centavos.
“¡Triste humanidad!
“Ese fue el barato precio de un simple rasgo de orgullo de secta, de rivalidad de escuela, de esclusivismo ingles. Mr. Lloyd, el hábil i atrevido constructor de puentes, se encaprichó en trocar la línea de los valles por la de los desfiladeros, i la Empresa, el gobierno i el país encorvaron la cerviz delante del absurdo, si bien el último, aunque callado, no dejó de murmurar en sus adentros, porque—como solia decir Pedro de Valdivia a sus capitanes cuando emprendian algo contra su voluntad:—«Una cosa piensa el bayo, i otra el que lo ensilla.»
“Diéronse entónces motivos pueriles para aquel cambio, porque aconteció que los tres directores que lo aceptaron, tenian algunas tierras en el nuevo tránsito: el señor Cousiño, una pequeña hacienda en Limache; el señor Lyon, que habia reemplazado al señor Gallo, una quinta de recreo en el Salto, i el señor Waddington su hermosa hacienda de San Isidro, junto a Quillota. Mas nosotros no hemos aceptado nunca esplicacion tan mezquina. Fué mucho mas poderoso argumento para la consagración del absurdo, el de que dos de los directores, es decir, la mayoría del Consejo, eran ingleses, como el recien llegado i prestigioso injeniero. Los ingleses son como los vizcainos: despues de Dios el paisano.
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Una esplicacion de Allan Campbell.“¿Por qué varió Mr. Lloyd vuestra línea?—preguntábamos, encontrándonos ámbos en una cordial visita en Nueva York (enero de 1866), al ilustre cuanto modesto Allan Campbell, que ocupaba la mas alta posición técnica como injeniero de ferrocarriles por esa época, en su país.
“La respuesta fué de una admirable verdad, lacónica i sencilla.
“—Ah! Señor, nos dijo; yo era americano i Mr. Lloyd era ingles.
“Hé aquí esplicado el misterio, si bien esta trocatinta de cunas nos ha costado ya cinco o seis millones de pesos, i seguirá costándonos hasta que San Pedro, que desempeña en esta obra el mismo oficio que en el cielo, eche llave a su túnel. Preciso es tambien decir que Mr. Lloyd supo emplear en el informe apresurado (julio 31 de 1854) en que propuso el cambio de la via, el argumento que obra con mayor fuerza en el ánimo de los hombres i especialmente en el de las mujeres:—el miedo. El sagaz injeniero no solo hablaba de un trayecto de doce millas que era preciso atravesar desde Viña del Mar a Concon al lento paso de la máquina, convertido el tren en convoi de carretas, sino que se horrorizaba del peligro que correrian los viajeros al exponerse a «ser precipitados a la mar (son sus palabras) desde una altura de 175 piés,» por la calidad movediza de las arenas que el mar socavaria en los temporales.—Los temporales! I la parte de la línea ya construida en esa época, luchaba bravamente con las olas desde su punto de partida i en todo su trayecto!
“Tal fué—llanamente contado—el oríjen i el justificativo de un cambio que de otra manera habria sido inexplicable. Para hacer cabal justicia al arte, debemos agregar, sin embargo, que en su especie, los puentes de las Cucharas eran verdaderas maravillas. ¡Qué limpieza! Qué cortes! Qué osadía! De ésto es imposible formar juicio desde el fugaz postigo, sin descender a pié al fondo del valle i admirar la correccion de aquellas líneas.
“Pero esto es solo como dibujo. Porque, siendo la superestructura de madera, a los seis años ya estaban vencidos los arcos i crujian las vigas, causando en los injenieros responsables de la línea las mas profundas ansiedades por la vida de los viajeros.
“Mr. Lloyd habia tenido cien veces a la vista, como su sucesor, el hábil i concienzudo injeniero Lyon, el flanco de la montaña para trazar su via en la forma en que hoi está; pero se fascinó i nos dejó como herencia de su saber algunos millares de toneladas del costoso i elástico pino del Báltico, que hoi se está vendiendo a retazos para las cocinas….
“Del primer puente solo quedan en pié los estribos, a manera de torres, que se divisan en el fondo de la primera vuelta, es decir, de la primera cuchara. El actual arrendatario de Viña del Mar ha ofrecido al gobierno una suma adecuada (200 pesos) por esos estribos, para pasar por su cima una canal de agua. El segundo puente, notable por su atrevido arco, está al caerse, por tener un desplome de tres piés hácia su derecha; i el tercero, del cual no quedan sino los machones, fué cedido como leña a la Municipalidad de Limache, que lo desarmó a su costa el último verano. De un lote que se remató en pública subasta a fines de febrero, lote que vimos amontonado en un sitio eriazo de aquella ciudad, sacó el municipio 700 pesos, i el resto, según dicen los vecinos, se empleó en «HH i QQ,» que es para lo que jeneralmente sirven en nuestro país los desperdicios del Estado i el Estado mismo, cuando se ofrece.