NOVIEMBRE DE 2005
En la actualidad, la empresa ferroviaria regional de Valparaíso, Merval, está completando la implementación de la modernización del sistema de transporte ferroviario entre las comunas de Valparaíso y Limache, que es a lo que ha quedado reducida la red ferroviaria otrora orgullo nacional que a mediados del siglo XIX unió la capital con el primer puerto de la República en una hazaña reconocida por todos y en todas las esferas.En pocas décadas después de concluida esa hazaña, que se sumaba a la del ferrocarril de Copiapó, el primero de Chile y de Sudamérica, era posible viajar desde Quilpué a puntos tan extremos como Puerto Montt e Iquique sin grandes problemas en un medio que era seguro, cómodo y no solamente una arteria de comunicaciones sino un verdadero polo de desarrollo.Las oficinas salitreras del Norte Grande se beneficiaron de la eficiencia y eficacia del sistema ferroviario, el que en muchos casos nació precisamente como tramos locales para apoyar la extracción de la riqueza que encierra el Desierto. En varios ferrocarriles locales transversales, las empresas y los pequeños mineros enviaban su producción a la costa, desde donde eran embarcados a los mercados internacionales.Y a través de las vías del ferrocarril llegaban los insumos, las mercancías de variada índole que se necesitaban, los inmigrantes y la mano de obra, así como comerciantes y artistas.Era una arteria que incitaba al desarrollo del país, como en realidad lo hizo.Hasta casi mediados de la década de 1970, el sistema ferroviario funcionó perfectamente bien, con frecuencias hasta de cinco minutos en horas punta (como por ejemplo, un automotor doble que se detenía a las 07:00 a.m. en la Estación Valencia, en dirección a la estación Puerto, y luego un automotor sencillo a las 07:05 a.m. hacia la misma estación. Un automotor sencillo constaba de cuatro carros; el automotor doble estaba constituido por dos automotores sencillos unidos en convoy), con un servicio y una calidad de material rodante que fueron proverbiales en toda Latinoamérica y señeros en muchos respectos.Opínese lo que se opine, la verdad es que durante la dictadura militar el sistema ferroviario fue descuidado de todas las formas y maneras posibles. Se minimizó y hasta eliminó la mantención de las vías y su revisión diaria. El material rodante fue sobreexplotado y la mantención tenía todas las trazas de una sistemática destrucción. En las cocheras y andenes a cielo abierto tanto máquinas como vagones con problemas empezaron a corroerse bajo los agentes naturales y ante la desidia y la mirada despectiva de los propios directivos del empresa ferroviaria del Estado.Obviamente, el ferrocarril no podía competir ahora en igualdad de oportunidades con la creciente flota de camiones y buses, que se multiplicaron como hongos tras la lluvia a la sombra de los beneficios que el Estado les otorgó, según se dice como recompensa a su oposición al gobierno derrocado del Presidente Allende. “El costo lo pagó la Empresa de los Ferrocarriles del Estado, porque representaba no solamente un bastión del marxismo sino que también era una de las mayores —sino la mayor— fuerza sindical por sí misma, y se la consideraba una fortaleza del estatismo del que abominaban desde siempre los poderosos de la ultra derecha chilena, abominación que traspasaron íntegra a los detentores del poder de la dictadura establecida.” (Los Caminos del Ferrocarril, A. Ponce V., 1990.).Durante la dictadura militar asistimos los chilenos al vergonzoso desmantelamiento de la Empresa de los Ferrocarriles del Estado (E F del E). en demasiados tramos se levantaron las vías y se vendieron como chatarra y a precios irrisorios.Toda la historia ferroviaria fue desechada y lanzada al tacho de la basura de un gobierno sin visión de futuro y que hizo un solemne mentís al epopéyico y titánico esfuerzo de las generaciones anteriores por construir y mantener el sistema ferroviario nacional, en momentos en que en otros países se trabajaba denodadamente por modernizar las ferrovías, por construir convoyes y máquinas más modernos, más rápidos y más amistosos. Japón desarrollaba e implementaba el Tren Bala. Francia y Alemania se destacaban en la modernización y en la readecuación de sus redes y del material rodante.Pero en Chile el descuido de los responsables de la Empresa ferroviaria provocó la catástrofe de Queronque, que sellaría la suerte del transporte ferroviario de pasajeros entre Santiago y Valparaíso.Y al final, lo que fue orgullo de estas provincias y del país entero, un esfuerzo titánico incluso para estos tiempos, quedó reducido a un pésimo servicio con un deplorable material rodante y frecuencias poco menos que incómodas e inútiles, entre las ciudades de Limache y Valparaíso.
sábado, febrero 10, 2007
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