sábado, febrero 10, 2007

LA FAENA MINERA DE COVARRUBIAS

Una faena de oro en el Rio de las minas.

“No pasaremos mas allá de este primer puente de la via sin invitar al viajero a que eche con nosotros una mirada al cajon-esponja que se estiende a su derecha i del cual las bombas van a estrujar el agua que deberán beber los porteños. Es un paisaje agreste, árido, pero hermoso i severo. Los tres esteros que forman el valle de la Viña del Mar, que ántes tuvo los honores i el nombre de rio, se reunen allí cerca, descendiendo de los cerros en formidables espirales. El estero de Reculemu se precipita por una asperísima quebrada que viene serpenteando del sud; el de Malga-Malga viene desde el oriente i es ménos torrentoso; el de Quilpué trae esa misma direccion, pero su lecho es aun ménos bravío. El paraje en que se reunen se llama «las Juntas,» i el nombre de Reculemu es otro prefijo feliz para la empresa ya formada, porque quiere decir agua pura del monte, de recu (agua cristalina) y de lemu (montaña).

El punto donde los esteros Marga-Marga (que viene desde la izquierda de la fotografía) y de Quilpué (desde la parte inferior) unen sus aguas para dar origen al estero de Viña del Mar (que fluye, en la fotografía, hacia la derecha). El paisaje ha cambiado actualmente debido a la agresiva intervención humana en la forma de la autopista Troncal Sur, señal de progreso y desarrollo, pero también de inconsulta y perjudicial intromisión en el medio ambiente. En la parte superior, al otro lados del estero, los cerros del cordón de Las Palmas, que van a concluir cayendo a pique al mar en la costa de Viña del Mar y de Valparaíso. En el extremo inferior izquierdo, el remate del faldeo del Morro de Lillo, punto culminante de la suave cadena de colinas bajas y achatadas que, desprendidas de la misma cadena de las Sierras de Colliguay o Cerros de Marga-Marga, remata sobre la ribera oriental del curso inferior del estero de Quilpué, dando lugar a las poblaciones Pompeya Sur, Pompeya Norte, Valencia y Argentina, entre las principales.

“En este preciso sitio del antiguo Rio de las minas ha establecido una faena considerable un animoso chileno, minero de oro por el estilo de California, donde aprendió el oficio. Su nombre es don Antonio Covarrúbias, natural de Valparaiso, i por su energía de luchador obstinado contra la adversidad (pasion de minero), merece ser recordado.
“El señor Covarrúbias busca el oro en la profundidad de las arenas, adonde lo arrastra junto con los menudos guijarros de las corrientes, su peso específico, lei a que ese metal obedece en todo el universo, desde el diluvio i hasta Salomon. Por consiguiente, los cateadores entendidos no lo buscan en las arenas superficiales sino en la circa, o roca plutónica, que yace a cinco, diez o quince metros de profundidad en el lecho especial de estas arenas. Por manera, que para practicar simples reconocimientos es preciso hacer escavaciones anchas i profundas, desalojando, a fuerza de pala, millones de toneladas de arena.
“Pero este trabajo no seria de importancia si no fuera que es preciso luchar en estos parajes a brazo partido i hora a hora, minuto a minuto, con el agua, esa misma agua que vienen a buscar como oro los hidróscopos de Valparaiso.
“El actual esplorador del Rio de las minas ha tratado de desaguar su pozo de reconocimiento con una bomba a vapor. No dió ésta abasto, i el tenaz empresario llevó al sitio, hace un mes, un enorme caldero arrastrado por once yuntas de bueyes que andaban un kilómetro por dia. I como ésto fuera todavía insuficiente, practica ahora otra esploracion a vapor, algo mas arriba del estero, a pocos pasos de una faena abandonada por los españoles, al pié de una palma, cuyos escombros acusan un esfuerzo colosal i cuya tradicion habla, como siempre, solo de capachos de oro… Por nuestra parte deseamos solo uno, pero bien colmado, al esforzado compatriota que allí tiene empeñada su fortuna i su vida por realizar un inmenso problema nacional.
“Notaremos, de paso, que así como en los lavaderos de Catapilco se lucha con la carencia de agua, aquí el tenaz enemigo del éxito es esa misma agua, que brota límpida y brillante a casa golpe de la barreta. I así, como en este cajon de cerros, vive siempre el hombre entre la esperanza i la fortuna en la redondez entera del mundo, malogrando en las mas ocasiones su hado, unas veces «por cartas de más i otras por cartas de ménos.»

1 comentarios:

Jaime dijo...

Me gustaria tomar contacto con quien escribio la faena minera de Covarrubias ya que Antonio Covarrubias era mi tatarabuelo y estoy levantando su biografia. Quien me pueda comunicar con don Brus Leguas. Mi e mail es jagarco20@hotmail.com Mi nombre Jaime Garcia Covarrubias