sábado, febrero 10, 2007

DESDE LA VIÑA DE LA MAR HASTA EL SALTO, EN TREN

“El Hospicio de Viña del Mar.“Seguimos ahora nuestro camino, i recorriendo una angosta avenida que va tomando las proporciones de la calle Larga de Quillota, morada especialmente de los trabajadores de la refinería, llegamos a la puerta de un vasto edificio de estilo indefinible, mitad maestranza, mitad pesebrera, que llaman el Hospicio de Viña del Mar i que se dice contendrá en sus 40,000 metros de terrenos, comprados hace poco en 20,000 pesos, capacidad para 400 insanos, repartidos desde hace tres años, en el campo, en el Hospicio de Santiago i en todas partes. Ignoramos quien sea el superintendente de esta obra, pero en cuanto a los arquitectos que ejecutaron sus planos, somos de opinion que estrenen el primero de sus galpones de adobe i zinc.

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“Dos vueltas mas de la máquina, i hemos llegado a la puntilla de cerro que, ántes del ferrocarril i ahora mismo, llaman los huasos de Viña del Mar, sin alusion—La punta de los burros. ¿No seria mas apropiado llamarla en adelante la punta del Hospicio?“I aquí concluye propiamente el plano, el trazado i el terreno de la futura ciudad de la Viña del Mar.

De la punta de los burros a la de los Reyes.

“Dos golpes mas de los pitones, i hemos rebanado otra puntilla de los cerros de las Siete Hermanas, mas pronunciada que la anterior. Llamábase ésta la punta de los Reyes. ¡Qué salto desde la punta de los burros!
“Pero no se habia dado aquel pomposo nombre a tan humilde lugar en memoria de los grandes, sino simplemente por un apellido de una antigua familia de inquilinos que allí vivia, jente honrada y pacífica. Uno de este nombre mató, sin embargo, en un maizal, estando durmiendo i a traicion, a Joaquin Carrera, el mas apuesto i osado jinete de estos valles, el minotauro de sus rústicos hogares. Llamábase el matador Basilio Reyes, hermano del honrado «ño Bruno Reyes,» que vive todavía en la quebrada vecina de los Olivos i es su obsequioso portero.
“Hemos pasada ya tambien por la boca de la quebrada del Toro, llamada así por un toro bravo que salia a «saltear» a los caminantes, i la de «Los dos cogollos,» nombre que tiene una esplicacion mas racional. Es una palma solitaria que a la altura de tres metros, ha dividido su tronco en dos jemelos, i constituye por sí sola una curiosidad vejetal, como la palma amarilla de Cocalan llamada «La reina.»
“Entre tanto, a orillas de los rieles, estamos en pleno campo, la verdadera i selvática campaña de Chile, silenciosa, solitaria, pero atrayente i, en ocasiones, grandiosa como lo es siempre el desierto, con sus paisajes de boscosas colinas i de sombrías quebradas, sus palmares i sus rulos, sus grupos de boldos i arrayanes, de molles i de peumos, de colliguayes i de pataguas, matizado todo por el verde follaje de los culenes—el té doméstico de Chile,—que forman banda con su follaje de un verde tierno, al pié de los cerros por la orilla setentrional del estero.

El primer rancho.

“Por la primera vez tambien se presenta a nuestros ojos un rancho verdadero, la casa del indíjena, el albergue del moderno inquilino, que es el indíjena mismo bautizado. Un grupo de tres o cuatro chozas dispersas, cubiertas con techo de totora o de hojas de palma, como en el istmo de Panamá, una baranda de toscos maderos para atar los caballos, una puerta de tranqueros por delante, al fondo un horno de pan i un espino o un mustio peral reservado para el dormitorio de las gallinas, que suele presidir pomposamente un pavo («el pavo del patron!») i en todas direcciones, menos favorecidos que el último, unos cuantos raquíticos niños, reñidos desde el pañal con el agua i el jabon, una o dos camisas de tocuyo secándose al sol, dos o tres zapallos suspendidos de sus pezones en un ahumado alero: hé aquí la tosca fotografia hecha a la pluma, de la morada tradicional en que habitan todavía dos tercios al ménos de los hijos de esta civilizada nacion, Inglaterra de la América.
“En cuanto a costumbres i labores esteriores, una completa apatía: el zapallo se asa solo en el fogon, las tortillas se tuestan, durante el sueño, en el rescoldo, el niño llora en su chigua, pero el viento que penetra por las rendijas, lo adormece con sus silbidos; tal vez alguna de las mas jentiles niñas de la casa puntea en un rincon la vihuela o pasa con desaliño su peine de guayacan—mueble de lujo i dominguero como el espejo— por su renegrida cabellera que el quillai ha desflocado. De cuando en cuando, alguna de las niñas, alquilada o laboriosa, bate i estruja los lienzos en la espumosa batea, no lejos de los rieles, i por allí afirmado a un horcon, está algun José contemplando a su María i conquistando a Zamora con aquel diálogo sabido i celebrado:

—¿Lavando, ña María?...
—Lavando, ño José!»…….


Paisaje inmediato a Viña del Mar, reproducido de “De Valparaíso a Santiago”, de Benjamín Vicuña Mackenna.. Fue tal la cantidad de palmas chilenas que todavía durante la segunda mitad del siglo XIX poblaban quebradas y lomas de la zona, que muchos lugares todavía conservan nombres relacionados con ese hecho. E incluso la famosa estación de Las Palmas, la última de Viña del Mar, originalmente en la Quebrada de El Pangue y luego trasladada a su ubicación final, un poco al norte y a la entrada del antiguo pueblo de Paso Hondo. En la actualidad, este paisaje pertenece al radio urbano de la ciudad de Viña del Mar.

“El tren ha pasado, entre tanto, dando frente a la quebrada de la Achupaya (nombre chileno de la piña tropical, i de aquí las chupallas o sombreros de Guayaquil usados por la muchedumbre), i en seguida la mas profunda i pintoresca de los Olivos, por donde se perfila un canal en actual construccion, destinado a recoger las aguas de los esteros sin agua de Malga-Malga i de Quilpué. Ese canal, que tendrá (cuando concluido) doce kilómetros de estension, alimentará una represa artificial, construida por el señor José Francisco Vergara en una de las quebradas que hacen frente a la poblacion, en la márjen opuesta del estero, i será suficiente para regar una parte de sus potreros. La hacienda, escluyendo el plano de la futura ciudad, mide 114 cuadras planas i 9,643 de lomas i cerros, deslindando con la quebrada de las Zorras, con las lomas de Charahuacho i con la hacienda de las Palmas, que ántes fué de los jesuitas, por el sud. I dando la vuelta al oriente, con las hijuelas de Quilpué, el Retiro i las haciendas de Limache i Concon, cuya última cae al norte i al poniente.

“Viña del Mar, como fundo de campo, no ha perdido el aspecto de hacienda de crianza que tenia hace un siglo, cuando una o dos de sus reses pilladas a lazo en sus cerros, servian para el abasto diario de Valparaiso, aldea de arrieros i de pescadores. Hoi conserva todavía una dotacion de mil vacas, que puede duplicarse, i de 700 ovejas, que es fácil triplicar con provecho. No ha desterrado tampoco de sus serranías el antiguo Penco, las cabras de los dos Riberos, «el viejo i el mozo,» i aun existe un pequeño rebaño de angoras, notables por su fina lana i su fecundidad verdaderamente pasmosa, pues sobrepujan a la chilena, que no tiene igual.—Viña del Mar conserva tambien cuarenta inquilinos, a la antigua, que pagan arriendos desde 6 a 150 pesos i tiene obligacion de «echar peon» diario por 25 centavos. En otras haciendas de la costa el jornal es de 10 centavos. Mas al interior, mejora. En la vecina de Limache, la obligacion, que es una forma mas benigna de la antigua encomienda, se paga casi como el trabajo libre—50 centavos.

“El gran problema agrícola de este fundo no es, sin embargo, el del ganado ni el del inquilinaje—dos ramos tradicionales,—sino el de la irrigacion, que es la mas ardua cuestion de la época, i estensiva no solo al Norte, cuyos desiertos no comienzan ya en Atacama, sino al país entero. Su actual arrendatario, el señor Atilio Alamos—agricultor de la escuela moderna,—ha suplido en parte la terrible deficiencia de este elemento con una bomba a vapor de ocho pulgadas, que le proporciona casi constantemente dos regadores de agua. El estanque que surte a aquella, se halla situado en el lecho del estero, frente a la estacion de El Salto.” (Benjamín Vicuña Mackenna, páginas 106-111.)

“La lámina que tenemos delante, copiada del natural, está descubriendo el oríjen de su nombre. Hace pocos años, el agua saltaba bulliciosa entre las rocas, i de aquí su oríjen. En 1840, uno de los arrendatarios de la hacienda de Viña del Mar, don Manuel Gonzalez, edificó allí un molino de cuchara que trabajaba con fortuna durante seis u ocho meses del año.
“Mas hacia el interior, esta agreste garganta se abre como una hondonada i toma el nombre de Quebrada de los hoyos por las numerosas cavas que han dejado en su fondo i en sus laderas los buscadores de oro. Donde quiera que en la costa de Chile corra un hilo de agua, hai restos de lavaderos de oro: hoi el agua es el oro mismo.
“Estableciese tambien allí, hace ocho o diez años, al amor del agua, una espaciosa cervecería que entendemos está hoi de pára. En cuanto a las quintas del lugar, el ojo del viajero las domina de tal manera, que no necesitan descripcion particular.
“La primera pertenece al rico i estimable maderero norte-americano don Guillermo Biggs, que ha comprado allí un pedazo de cerro por una suma fabulosa (20,000 pesos) i edificado un elegante pabellon, labrando tambien un camino a sus espensas i para su uso, paralelo a la punta de los Reyes. La quinta vecina, mucho mas antigua—hermosa propiedad de la familia Lyon,—fué hija de los rieles i de la sed hidrópica de las locomotoras. Se ha construido para surtir éstas (1875), una poderosa bomba a vapor, i el servicio de alimentacion de las calderas se hace con recomendable rapidez.“En cuanto al agua que beben las máquinas, solo diremos que es escelente, casi pura, i por esto los maliciosos huasos que vuelven del Puerto llenos de cólicos, dicen de aquellas, como haciendo burla o comparación, que son mui «delicadas de estómago.»
“El agua del Salto en Valparaiso.“Saciadas las entrañas de acero de la locomotora que nos conduce, parte el tren con la velocidad de un kilómetro por minuto en dirección a Quilpué.
“Pero seria hacerse reo de culpable avaricia no decir aquí una palabra siquiera, al correr del convoi, sobre la cuestion vital que hoi ajita a Valparaiso, sus finanzas i sus hogares:—la provision de agua potable suficiente i constante para su atormentada poblacion.
“Por ésto haremos alto todavía algunos minutos en las márgenes del antiguo valle de Penco, llamado por nuestros mayores Rio de las minas, dos nombres de buen augurio para la empresa ya iniciada.